MURIERON DE EXITO

Autores que mantuvieron una vida frenética durante toda su carrera. Artistas que quemaban sus ganancias en whisky y drogas. 27 años, la edad maldita del rock, la edad en que grandes mitos para la juventud cayeron muertos en doloraosas circunstancias. Momentos que pasan a la historia, formas de pensar y de vivir que se desmoronan con sus líderes. Analizamos la vida y muerte de los más importantes.

En 1995, en mitad de la gira que promocionaba el álbum Soup, el líder de Blind Melon, Shannon Hoon, moría a causa de una sobredosis letal de cocaína. Contaba 27 años. Con su muerte y la de Kurt Cobain un año antes, el movimiento grunge desapareció definitivamente.

La fatalidad y el destino han trazado una macabra curiosidad con la edad de 27 años. A esta edad han muerto varios de los artistas más geniales e impredecibles de la historia.

La que posiblemente haya sido la mayor eclosión musical de la historia de la música contemporánea se llevó por delante a sus tres líderes característicos, víctimas de las drogas y de su propia grandeza.

                                        

Jimi Hendrix era el héroe de una gran parte de la juventud norteamericana a finales de los años 60. Su forma de tocar la guitarra nunca había sido vista hasta entonces. Había pasado por varias formaciones como guitarrista profesional y fue descubierto por el ex bajista de The Animals, Chad Chandler, quien se lo llevó consigo a Inglaterra, donde sorprendió a todo el mundo. No había otro como él, ninguno capaz de transmitirle tanta intensidad a su instrumento y crear melodías tan enrevesadas. Su ascenso y su caída fueron meteóricos: reconocido en todo el mundo, con miles de fans a sus espaldas, Hendrix aumentó sus dosis de droga, que había comenzado a tomar tras su llegada a las islas, hasta que en 1970 murió al ahogarse con su propio vómito tras haber consumido una dosis letal.

Otra muerte especialmente dolorosa fue la del cantante de los Doors, Jim Morrison. Morrison siempre había sido un vividor, muy aficionado al alcohol y a los lisérgicos. El éxito de su banda, con él al frente, le convirtió en icono de la juventud, que se enamoró de su poesía y de su actitud rebelde e inconformista, tanto fuera como dentro de los escenarios. Sin embargo, sus compañeros de formación no encontraban tan atractivas sus actuaciones, cansándose a menudo de lo imprevisible del genio. Finalmente, se trasladó a París, ciudad en la que murió por causas que aún hoy no han sido aclaradas.

Por su parte, Janis Joplin fue la voz femenina, la rabia y la intensidad propias de la dolorosa interpretación de una cantante negra dentro de un cuerpo blanco. Sus actuaciones dejan incontables momentos de frenesí e inspiración. No obstante, su vida personal se veía cada vez más truncada por las drogas y el alcohol, internándose la cantante en una peligrosa vorágine de la que, finalmente, no pudo escapar: en 1970 se la llevó por delante una sobredosis de heroína.

Los años 60 fueron años convulsos, de cambio y de esperanza, de renovación de gustos, costumbres y actitudes; años en los que los jóvenes intentaron cambiar el mundo y tuvieron su parte de protagonismo. La muerte de estos tres mitos, en parte, vino a ser una señal, un aviso de que todo había terminado. La juventud, en especial la norteamericana, quedó adormilada, protagonizando pocas actuaciones y pasando a un segundo plano. Hasta que apareció Kurt Cobain.

                               

KURT COBAIN

Corría el año 1991 cuando la MTV hizo sacudir los cimientos de la juventud. El lanzamiento del videoclip ‘Smells like teen spirit’ despertó a los jóvenes de todo el mundo gracias a su actitud punk y a que, por primera vez en un vídeo musical, el típico way of life del instituto norteamericano era puesto patas arriba: animadoras con símbolos anarquistas cosidos a los sostenes, jóvenes saltando en un baile frenético y una sensación general de rabia que se suelta tras haber sido contenida durante demasiados años.

Kurt Cobain fue el líder de la banda Nirvana. Gracias a ello, consiguió convertirse en el nuevo gurú de la juventud, en el próximo ídolo a seguir por los adolescentes de todo el mundo, en el abanderado de la famosa generación X. No obstante, Cobain no estaba preparado para asumir tanto éxito. Era un joven de mentalidad inestable, proclive a las depresiones y los cambios bruscos de humor. Para buscar una solución, Kurt se refugió en las drogas, lo cual empeoró su situación.

Finalmente, se suicidó en 1994 en su casa de Seattle. Su leyenda se engrandeció con su muerte, y aún hoy continúa su legado. Su trono espera a un nuevo rey, que quizá logre evadir los problemas y la degradación que parece llevar consigo el éxito. Puede que, después de todo, quizá sea cierto que haya que venderle el alma al diablo para lograr la grandeza, y que Satanás siempre se cobra su deuda. Al menos eso cuentan las leyendas.